Provincia "Jesús Sacramentado"

Clarisas Franciscanas Misioneras del Santísimo Sacramento

Imagen de oración franciscana

Oraciones

Descubre oraciones inspiradas en nuestra espiritualidad y carisma.

Oraciones Franciscanas y Serafinianas

Te adoramos Santísimo Señor Jesucristo,
aquí y en todas tus iglesias, y te
bendecimos, porque por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

¡Oh Sagrado Banquete, en que Cristo es
nuestra comida; se celebra el memorial
de su pasión; el alma se llena de gracia, y
se nos da la prenda de la gloria futura!

V. Nos diste, Señor, el Pan del Cielo.

R. Que en sí contiene espirituales delicias

Oh Dios, que en este Sacramento
admirable nos dejaste el memorial de tu
pasión, te pedimos nos concedas venerar
de tal manera los sagrados misterios de
tu Cuerpo y de tu Sangre, que
experimentemos constantemente en
nosotros el fruto de tu redención.

Tú, que vives y reinas con el Padre, en
unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por
los siglos de los siglos. Amén.

Salve, del mar Estrella,
de Dios Madre santa,
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Recibiendo el saludo
de labios de Gabriel,
a afiánzanos en la paz,
trocando el nombre de Eva.

Desata el lazo a los reos,
alumbra a los ciegos;
nuestros males ahuyenta,
muchos bienes alcánzanos.

Muéstrate ser Madre;
por ti reciba las preces
el que nació por nosotros
y se dignó ser tu Hijo.

Virgen si igual,
buena cual ninguna,
líbranos de las culpas,
haznos mansos y castos.

Danos vida pura,
defiende nuestro camino,
para que, viendo a Jesús,
contigo siempre gocemos.

Sea alabanza a Dios Padre,
Gloria a Cristo Rey,
y al Espíritu Santo,
a los Tres igual honor. Amén.

V. Dígnate aceptar mis alabanzas, ¡oh Virgen Santa!

R. Hazme fuerte contra tus enemigos.

Ven, oh Espíritu Creador,
visita las almas de los tuyos;
llena con tu gracia divina
los corazones que Tú creaste.

Tú que eres llamado Paráclito,
regalo del Altísimo Dios,
fuente viva, fuego, caridad
y unción espiritual.

Tú, que eres septenario en el don,
el dedo de la diestra del Padre,
la legítima promesa paterna,
que haces elocuentes a las lenguas.

Enciende tu luz en las mentes;
infunde tu amor en los corazones;
vigoriza con fuerza permanente
nuestro débil cuerpo.

Rechaza más lejos al enemigo
y danos una paz duradera;
si Tú nos precedes como guía,
evitaremos todo lo nocivo.

Concédenos que, por Ti comprendamos
al Padre y conozcamos al Hijo,
y creamos siempre en Ti,
el Espíritu de ambos.

A Dios Padre sea la gloria,
y al Hijo, que resucitó,
y al Espíritu Paráclito,
por los siglos de los siglos. Amén.

V. Envía, Señor, tu Espíritu, y todas las cosas serán creadas.

R. Y renovarás la faz de la tierra.


Oración
Oh Dios, que has iluminado los
corazones de tus hijos con la luz del
Espíritu Santo, haznos dóciles a tu
Espíritu para gustar siempre el bien y
gozar de su consuelo. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo, y
es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres;
ven dador de dones;
luz de los corazones.

Ven, consolador lleno de Bondad,
dulce huésped del alma,
alivio que conforta.

Descanso en el trabajo,
en el ardor tranquilidad;
consuelo en nuestro llanto.

Que tu luz santísima
ilumine lo más íntimo
del corazón de tus fieles.

Sin tu gracia divina,
nada bueno hay en el hombre,
nada que sea inocente.

Lava nuestras culpas,
riega nuestra aridez,
sana nuestras heridas.

Ablanda lo que es duro,
templa lo que es frío,
corrige nuestros errores.

Concede a los fieles,
que en Ti confían,
tus siete sagrados dones.

Premia nuestros esfuerzos,
danos la salvación,
y la eterna alegría. Amén.

Oh Dios, Padre de misericordia, que, en
tu inmenso amor, concediste a la
Venerable Madre Serafina, desde su más
tierna edad, un gran ardor eucarístico y
misionero, concédenos ese mismo ardor
para que respondamos al llamado de la
Iglesia, en el servicio de la nueva
evangelización, con el testimonio de una
vida totalmente entregada al amor de
Cristo y al servicio de los hermanos.
Glorifica, Señor, a tu Sierva con el honor
de los altares, en tu santa Iglesia.
Concédeme por su intercesión, la gracia
que tanto deseo. En alabanza de Cristo.
Amén.

Para obtener gracias y favores por intercesión de de la Venerable Madre Serafina.

Oh, Jesús Sacramentado, por el amor
ardiente que te manifestó tu Sierva,
Madre Serafina, amor que la llevó a dar a
su Instituto el nombre de Clarisas
Franciscanas Misioneras del Santísimo
Sacramento, haz que seamos señal de tu
amor, en nuestra vida cotidiana.

Padre nuestro, Ave María, Gloria.


Oh, Jesús Sacramentado, por el celo que
tuvo tu Sierva, Madre Serafina de Jesús,
por la extensión del Reino de Dios, celo
que la impulsó a enviar a sus Hermanas
a las misiones distantes para anunciar la
Buena Nueva de tu Evangelio, concede a
todos los bautizados ser testigos de los
valores del Reino. Dame, por intercesión
de tu Sierva, la gracia que tanto deseo.

Padre nuestro, Ave María, Gloria.


Oh, Jesús Sacramentado, por la vida
evangélica y eucarística que vivió tu
Sierva, Madre Serafina, para glorificarte y
hacer que todos te conocieran y amaran,
glorifícala en la tierra como en el cielo y
concédeme, por su intercesión, la gracia
que necesito.

Padre nuestro, Ave María, Gloria.


Oh, Jesús Sacramentado, confío que, por
la intercesión de tu Sierva, Madre
Serafina de Jesús, mi oración sea
escuchada y que, por las gracias y
favores concedidos por su intercesión,
ella sea declarada por la santa Iglesia
modelo de virtud para todos sus fieles, en
alabanza de la Trinidad Santísima y para
el crecimiento del Reino de Dios, Reino
de paz, de justicia y fraternidad. Amén.

Padre nuestro, Ave María, Gloria.


Omnipotente, eterno, justo y
misericordioso Dios, danos a nosotros,
miserables, hacer, por ti mismo, lo que
sabemos que tú quieres, y siempre
querer lo que te place, para que,
interiormente purificados, interiormente
iluminados y abrasados por el fuego del
Espíritu Santo, podamos seguir las
huellas (cf. 1 Pe 2,21) de tu amado Hijo,
nuestro Señor Jesucristo, y, por sola tu
gracia, llegar a ti, Altísimo, que, en
Trinidad perfecta y en simple Unidad,
vives y reinas y eres glorificado, Dios
omnipotente, por todos los siglos de los
siglos. Amén.

Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas.
Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres Altísimo.
Tú eres Rey omnipotente.
Tú eres Padre santo, Rey del cielo y de la tierra.
Tú eres Trino y Uno, Señor Dios de los dioses.
Tú eres el Bien, todo el Bien, el sumo Bien, Señor Dios vivo y verdadero.
Tú eres Amor, tú eres Caridad.
Tú eres Sabiduría, tú eres Humildad, tú eres Paciencia.
Tú eres Belleza, tú eres Seguridad, tú eres Paz.
Tú eres Gozo y Alegría, tú eres nuestra Esperanza.
Tú eres Justicia, tú eres Templanza, tú eres toda nuestra Riqueza.
Tú eres Belleza, tú eres Mansedumbre.
Tú eres Protector, tú eres nuestro Custodio y Defensor.
Tú eres Fortaleza, tú eres Refugio.
Tú eres nuestra Esperanza, tú eres nuestra Fe.
Tú eres Caridad, tú eres nuestra Dulzura.
Tú eres nuestra Vida eterna, grande y admirable Señor,
Dios omnipotente, misericordioso Salvador.

Señor, haz de mí un instrumento de tu
paz:
donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, perdón;
donde haya discordia, unión;
donde haya error, verdad;
donde haya duda, fe;
donde haya desesperación, esperanza;
donde haya tinieblas, luz;
donde haya tristeza, alegría.

Oh, Maestro, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender,
ser amado como amar.

Porque dando se recibe,
olvidándose se encuentra,
perdonando se alcanza el perdón,
y muriendo se resucita a la vida eterna.

Altísimo, omnipotente, buen Señor, tuyas
son las alabanzas, la gloria y el honor y
toda bendición. A ti solo, Altísimo,
corresponden, y ningún hombre es digno
de hacer de ti mención. Loado seas, mi
Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol, el
cual es día, y por el cual nos alumbras. Y
él es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación. Loado
seas, mi Señor, por la hermana luna y las
estrellas, en el cielo las has formado
luminosas y preciosas y bellas. Loado
seas, mi Señor, por el hermano viento, y
por el aire y el nublado y el sereno y todo
tiempo, por el cual a tus criaturas das
sustento. Loado seas, mi Señor, por la
hermana agua, la cual es muy útil y
humilde y preciosa y casta. Loado seas,
mi Señor, por el hermano fuego, por el
cual alumbras la noche, y él es bello y
alegre y robusto y fuerte. Loado seas, mi
Señor, por nuestra hermana la madre
tierra, la cual nos sustenta y gobierna, y
produce diversos frutos con coloridas
flores y hierba. Loado seas, mi Señor, por
aquellos que perdonan por tu amor, y
soportan enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquellos que las
soporten en paz, porque por ti, Altísimo,
coronados serán. Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede
escapar. ¡Ay de aquellos que mueran en
pecado mortal!: bienaventurados
aquellos a quienes encuentre en tu
santísima voluntad, porque la muerte
segunda no les hará mal. Load y
bendecid a mi Señor, y dadle gracias y
servidle con gran humildad.

Sumo, glorioso Dios, ilumina las tinieblas
de mi corazón y dame fe recta,
esperanza cierta y caridad perfecta,
sentido y conocimiento, Señor, para que
cumpla tu santo y verdadero
mandamiento.